Cumplida la primera década del tercer milenio y en plenos festejos
del Bicentenario de nuestra Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, se hace necesario que durante este año abramos un amplio espacio a la reflexión, al análisis y la evaluación,
de aquellos factores que continúan influyendo para que nuestra sociedad a pesar de los
esfuerzos institucionales realizados continúe inmersa en todos los ámbitos de la vida gregaria
en una cultura de la violencia.
Una legítima aspiración del pueblo mexicano es coexistir y relacionarse pacífica y armónicamente, en condiciones tales, que la seguridad humana tenga plena vigencia y que los conflictos sociales
e interpersonales se gestionen invariablemente a través del diálogo, la tolerancia y el respeto
a la diversidad.
Independientemente de la riqueza contenida en la Carta Magna de nuestra Nación y del andamiaje legal que da vigor a nuestro estado democrático de derecho, en la realidad encontramos una colisión entre la cultura del respeto a la legalidad, en cuyo pedestal se encuentran los derechos humanos y la práctica generalizada de actitudes destructivas ante los conflictos.
Claro está, el espacio a que nos referimos además de incluir a las instituciones responsables
de la seguridad ciudadana y la administración de justicia a las que primigeniamente corresponde producir las condiciones básicas para un desarrollo humano sustentable, integra a las
instituciones socializadoras fundamentales, cuya tarea es esencial en la construcción de una cultura de la paz y de la concordia.
En este contexto, es indispensable priorizar la evaluación
de la familia, la escuela y la comunidad y el compromiso que les ha sido asignado por el estado mexicano en el proceso de socialización, ya que la tarea que tienen encomendada, como ya se mencionó, es tan relevante que su cumplimiento o incumplimiento está directamente ligado a relaciones interpersonales y sociales pacíficas o violentas.
Un sólido soporte desde el margen de la mediación para analizar las instituciones sociales
antes referidas, son los nueve congresos nacionales que sobre el tema se han efectuado
desde
el año 2001, ya que constituyen un manantial en el que podemos abrevar para dar
cuenta de las ventajas de esta metodología en la aproximación de la familia, la escuela y la comunidad al rol
que socialmente tienen asignado.
La mediación evolucionó desde sus orígenes
en nuestro país como un mecanismo de pacificación de las relaciones humanas, pero sobre todo como un procedimiento, en cuyo seno los protagonistas del conflicto además de experimentar
un crecimiento ético, se percatan de que los conflictos son oportunidades para mejorar y
fortalecer relaciones y vínculos sanos y seguros.
Esta misma orientación filosófica ha permeado a la mayoría de los Poderes Judiciales de la República y a diversas instituciones públicas, que a diferencia de sus pares de otras naciones, decidieron dar un paso adelante que trascienda la elemental visión del descongestionamiento
de casos y el abatimiento de costos comprometiéndose con la justicia como epicentro de todos
los valores.
El camino transitado y las experiencias diseminadas en nuestro país, nos muestra
que el movimiento mediador es una alternativa viable si su práctica se generaliza para reducir drásticamente la violencia en nuestra cultura.
Si la mediación en la familia la sosiega y fortalece las relaciones entre sus miembros; si la mediación en la escuela la apacigua y se abren espacios para dar cabal cumplimiento a los mandamientos contenidos en el Articulo 3 de la Constitución de la República; si la mediación
en la comunidad la tranquiliza y se reducen drásticamente los conflictos que culminan con la actualización de ilícitos; si la mediación en sede de procuración y administración de justicia constituye la cristalización del efectivo acceso a una justicia pronta y expedita, entonces es urgente que el ejercicio de reflexión y análisis referido culmine con el diseño de políticas
públicas de pacificación social en los tres niveles de gobierno.
En consecuencia el
X Congreso Nacional de Mediación será un magno evento en el que la evaluación de nuestra realidad y de la mediación como movimiento transformador, nos permitirá dar un renovado impulso al más relevante movimiento de paz social en tiempos que como en un principio se señaló, son propicios para ello.